Te lo respondo como parrillero, no como vendedor: depende de qué estás buscando cuando enciendes el fuego.
Si solo quieres calor barato y no te importa el humo, las llamaradas y estar agregando carbón cada 40 minutos, probablemente no notes la diferencia. Pero si te importa el control, la estabilidad y el resultado en el plato, entonces sí vale la pena.
El carbón de coco cambia la experiencia desde que lo enciendes. Tarda en estabilizarse como todo buen carbón denso, pero cuando entra en brasa se comporta de manera predecible. Mantiene temperatura constante durante horas. No tienes picos bruscos. No estás apagando fuego todo el tiempo. Eso, en términos prácticos, significa menos estrés y más precisión.
Además está el tema del humo. Cuando el combustible es limpio y está bien carbonizado, no invade el alimento. El carbón de coco Cocogrill prácticamente no genera humo visible una vez que alcanza su punto. No agrega sabores extraños ni químicos. El sabor que obtienes es resultado del sellado, del jugo propio del alimento y de tu técnica. Eso es cocina real.
Ahora hablemos de rendimiento. El carbón de coco es más denso que muchos carbones tradicionales. Eso se traduce en mayor duración. En una parrillada larga, no estás reponiendo constantemente. Aunque el costo inicial pueda parecer más alto que un carbón común, el consumo total suele ser menor porque dura más tiempo y aprovecha mejor la energía.
También está la parte ambiental. No proviene de tala directa de árboles, sino de la cáscara de coco, un residuo agrícola. Si vas a usar fuego, al menos que el combustible tenga una lógica más responsable detrás.
Entonces, ¿vale la pena el carbón de coco?
Vale la pena si buscas brasa estable, menos humo, mayor duración y una experiencia más profesional en la parrilla.
Si quieres comprobarlo por ti mismo, haz la prueba en tu próxima parrillada con carbón de coco Cocogrill. Trabaja un corte grueso, controla la temperatura y observa cuánto dura la brasa sin perder fuerza. La diferencia no se explica, se siente frente al asador.